En la actual segunda vuelta electoral en el Perú, la comunicación política ha pasado a ocupar un rol central en la definición del escenario. Con solo dos candidatos en competencia, cada mensaje adquiere un peso mayor, no solo en términos de persuasión, sino también de construcción de legitimidad.
Este contexto se ve tensionado por los cuestionamientos generados a partir de los problemas logísticos vinculados a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Más allá de su dimensión técnica, estos hechos han impactado en la percepción ciudadana sobre la transparencia y confiabilidad del proceso.
Frente a ello, la comunicación política enfrenta un reto clave: diferenciar sin deslegitimar. En una etapa donde la polarización puede intensificarse, la responsabilidad comunicacional se vuelve un factor crítico para preservar la estabilidad democrática. En definitiva, la segunda vuelta no solo se disputa en votos, sino en confianza. Y en ese terreno, la forma de comunicar puede ser tan decisiva como las propuestas mismas.
